Qué divertido es llorar, me gusta.
Es divertido cuándo sentís pena por vos misma y estás
segura de que no se murió nadie.
Hay una batalla naval en mi garganta y no sé quién va a
ganar. Estoy tan aburrida que no me interesa y dejo que todo fluya, total, ¿a
quién le importa? Estoy sola. Está bueno a veces ser la víctima, aunque sea de
mi misma.
Alguien me está observando ¿o tal vez soy yo la que
quiere ser observada? Quizás es mi inconsciente, quién, intrigado, se despertó
a escuchar mis pensamientos.
-¿Por qué?- Me pregunto. Luego aparecen un montón de
razones estúpidas y me siento peor.
Lloro más fuerte. El tiempo pasa más rápido. No me puedo
mentir, lo estoy disfrutando.
Me siento indefensa, yo misma me pongo en esa posición.
Abrazo mis rodillas, sentada en la tapa de un inodoro.
La situación es divertidamente trágica, problemas necios los
que con tan sólo un poco de valor podría resolver. Me miro al espejo, es
inevitable, pongo mi peor cara.
¡Ah! Es verdad, lo
estaba disfrutando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario