-¿Fumamos uno?-
Lo miro.
-¿Uno?-
-Sí, ¿Querés probar?-
Dudo, ¿Me va a drogar? Quiero probar aunque tengo miedo
de decir algo que no deba.
Asiento.
Sonríe. Saca un papelito de su mochila y un frasco con
yerbas de su ropero.
-Estas las coceché yo- dice orgulloso –Olelas y decime
cuál te gusta-
Señalo la primera.
-Bien-
Envuelve las flores en el papel y las prende con un
encendedor. Fuma.
Lo miro impaciente.
-¿Y? ¿Voy a probar o no?-
Se ríe.
-Sí, lo que pasa es que no tira el humo que debería…
esperá- Se levanta y agarra otro frasco de vidrio –Esto nos va a servir- Va a
la cocina, le pone agua y en uno de los extremos el faso. Me hace señas de que
meta la cara.
-Inhalá con ganas-
Frunzo el ceño aunque obedezco. Huele raro.
-Más- dice.
Lo hago más fuerte. Exhalo. El hace lo mismo y se sienta
en la silla de enfrente.
¡Es raro! Me río.
La vergüenza y la angustia desaparecen y me siento libre
por primera vez en mucho tiempo.
-Bueno, ahora vas a sentir que tus sentidos se agudizan,
por ejemplo el tacto, tocate la pierna ¿ves?-
Es verdad.
-También es probable que percibas los sonidos de una
forma distinta. Te voy a poner un tema y vas a volar-
¡Uau!
-¿Y si tocamos?- Pregunto.
-Dale, empezá vos y yo te sigo-
Mi, sol, nota extraña, nota extraña, mi, sol, nota
extraña… estoy mareada.
Lo disfruto, me desconecto de la realidad, solo existe
nuestra melodía. Ya no soy yo, son mis manos las que tocan. Más fuerte, más
fuerte.
Me caigo en la cama, tengo sueño. Él se sienta en la otra
punta. Hablamos de muchas cosas.
-¿Me hacés masajes?- Pregunta
-No puedo, soy una almohada- Me río.
-Bueno, pero sos una almohada que hace masajes- Sin verlo
puedo saber que sonríe.
-Es que… no tengo baterías-
-Bueno…- Hace que me pone algo en la espalda.
-Sí, pero esas son doble A y yo necesito triple C-
Se ríe.
-Acá tenés- Me toca de nuevo la espalda y apoya su cabeza
sobre mi cintura.
-Mmm… no estoy muy cómodo-
-¿Estás diciendo que soy una almohada incomoda?-
Se ríe.
-No señora, solo es la posición-
Estaba acurrucada de costado en la cama mirando para el
lado contrario en el que él estaba.
Se mueve hasta quedar al lado mío. Lo sentía junto a mí,
aunque no sabía si lo que me tocaba era su espalda o su pecho y por alguna
razón, no me atrevía a mirar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario