La verdad no sé cómo escribir esto, pero tengo que
empezar de alguna forma, es necesario.
Me acuerdo cuando eras más chica, el cabello castaño
oscuro, ojos marrones, un poco delgada e interesantemente rara. Caprichosa,
muy. Te tirabas al piso y llorabas si no te compraban lo que querías. Me
gustaba jugar con vos, te tiraba del pelo y te pegaba en chiste, te hacías la
enojada pero yo sé que te gustaba.
Invierno a invierno fuiste creciendo, empezaste a
entender las cosas.
Voy a tratar de ser lo más sincero posible. Sí, siempre sentí algo por vos, pero fue en ese
verano en Miramar donde todo se volvió tan mágico.
Descubrimos un lugar a metros del mar, estaba lleno de
árboles que corrían al cielo y nos encerraban como una carpa. No sé qué fue,
tal vez como me mirabas, y la forma en la que te sonrojabas y bajabas la vista
cuando yo te correspondía la mirada. Mi corazón empezaba a latir tan fuerte que
pensaba que se me iba a salir. Estuvimos horas, hablamos de la vida, palabras
a las que a otros se les calla.
Te pusiste a
juguetear con un insecto que encontraste y me dijiste
-¡qué raro es!
¿No?-
El hecho de que te fijes en cosas tan pequeñas como esas
me encantaba.
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