domingo, 1 de noviembre de 2015

La verdad no sé cómo escribir esto, pero tengo que empezar de alguna forma, es necesario.
Me acuerdo cuando eras más chica, el cabello castaño oscuro, ojos marrones, un poco delgada e interesantemente rara. Caprichosa, muy. Te tirabas al piso y llorabas si no te compraban lo que querías. Me gustaba jugar con vos, te tiraba del pelo y te pegaba en chiste, te hacías la enojada pero yo sé que te gustaba.
Invierno a invierno fuiste creciendo, empezaste a entender las cosas.
Voy a tratar de ser lo más sincero posible.  Sí, siempre sentí algo por vos, pero fue en ese verano en Miramar donde todo se volvió tan mágico.
Descubrimos un lugar a metros del mar, estaba lleno de árboles que corrían al cielo y nos encerraban como una carpa. No sé qué fue, tal vez como me mirabas, y la forma en la que te sonrojabas y bajabas la vista cuando yo te correspondía la mirada. Mi corazón empezaba a latir tan fuerte que pensaba que se me iba a salir. Estuvimos horas, hablamos de la vida, palabras a las que a otros se les calla.
 Te pusiste a juguetear con un insecto que encontraste y me dijiste
-¡qué raro es!  ¿No?-

El hecho de que te fijes en cosas tan pequeñas como esas me encantaba. 

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