Estoy de nuevo deprimida, es un ciclo sin fin. Desde que tengo memoria es así: hoy me siento bien, mañana puedo estar ideando algún plan para acabar con mi persona . No aguanto más, preferiría agonizar de hambre a tener que estar en constante enfrentamiento con mis dilemas psíquicos. Miro el espejo y no me reconozco, ¿quién carajos es ese ser atrás del vidrio? ¿Yo? Já, eso no me lo creo. Imagino mis pensamientos en la proyección, las facciones se desordenan. ¿Ojos? ¿boca? ¿nariz? pareciera que todo es muy grande. -¡pero si esto no guarda relación alguna!-. De repente se vuelve todo borroso, mi reflejo se ríe.
Pensar en morir es algo que me tranquiliza y a la vez me perturba desde hace bastante tiempo, sin ésta libertad probablemente ya me habría vuelto loca, en el sentido más abstracto de la palabra.
En las películas la gente al suicidarse llora y es porque todos somos dos, una parte castiga, quita, el lado oscuro: El ego (que todos tenemos pero al que no todos resistimos). Y después la otra cara, ''el ser''; quien llora, sufre se resigna a morir a manos de su alter ego, es una contradicción con funestas consecuencias para el cuerpo (''vida'') obviamente, pero el dilema sería: ¿Quién mata a quién? ¿la muerte necesariamente tiene que ser tristeza?
No se cuando voy a morir, pero no quiero hacerlo triste, quiero morirme feliz, aunque sea yo misma la que lo haga. Si llego a tomarme un par de pastillas o cortarme las muñecas quiero pensar ''esto simplemente no era para mí'', oscuridad.
Entonces, ¿a quién quiero matar? ¿a mí? pero como es eso posible si soy dos personas. Quiero pegarle un tiro a una porción de mía, que se convirtió en un tumor maligno.
Tres gotas de agua me rozan la frente. La plaza se empieza a vaciar. Subo el cierre de la campera y miro el cielo, tiene un tono que no logro distinguir, ¿azul, verde, rosado? ¿los tres? Paso la vista a la cima de los arboles. Unas bellas hojas desflorecen, sin apuro, sobre las ramas. Es hermoso. Mis tendencias suicidas se desvanecen por el momento.
Pensar en morir es algo que me tranquiliza y a la vez me perturba desde hace bastante tiempo, sin ésta libertad probablemente ya me habría vuelto loca, en el sentido más abstracto de la palabra.
En las películas la gente al suicidarse llora y es porque todos somos dos, una parte castiga, quita, el lado oscuro: El ego (que todos tenemos pero al que no todos resistimos). Y después la otra cara, ''el ser''; quien llora, sufre se resigna a morir a manos de su alter ego, es una contradicción con funestas consecuencias para el cuerpo (''vida'') obviamente, pero el dilema sería: ¿Quién mata a quién? ¿la muerte necesariamente tiene que ser tristeza?
No se cuando voy a morir, pero no quiero hacerlo triste, quiero morirme feliz, aunque sea yo misma la que lo haga. Si llego a tomarme un par de pastillas o cortarme las muñecas quiero pensar ''esto simplemente no era para mí'', oscuridad.
Entonces, ¿a quién quiero matar? ¿a mí? pero como es eso posible si soy dos personas. Quiero pegarle un tiro a una porción de mía, que se convirtió en un tumor maligno.
Tres gotas de agua me rozan la frente. La plaza se empieza a vaciar. Subo el cierre de la campera y miro el cielo, tiene un tono que no logro distinguir, ¿azul, verde, rosado? ¿los tres? Paso la vista a la cima de los arboles. Unas bellas hojas desflorecen, sin apuro, sobre las ramas. Es hermoso. Mis tendencias suicidas se desvanecen por el momento.
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